Cancelado el lanzamiento del Starliner, el «taxi espacial» que debe competir con las naves de Elon Musk

Jon Garay COLPISA

SOCIEDAD

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Un problema técnico en una válvula del cohete obliga a la NASA a aplazar el despegue

07 may 2024 . Actualizado a las 12:33 h.

Un problema técnico en una válvula del cohete que debe impulsar hacia el espacio al Starliner, la nave que tiene que rivalizar con Elon Musk por llevar astronautas y carga a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), ha obligado a cancelar el lanzamiento, previsto para esta pasada madrugada.

La NASA no ha confirmado todavía la nueva fecha para un nuevo intento de despegue.

Este contratiempo es uno más de los muchos que acumula un proyecto que lleva ocho años de retraso y unos mil millones de dólares de sobrecoste. Parece que la competencia para Elon Musk en la carrera espacial está aquí. El cohete debía haber volado por primera vez en el 2015 de haberse cumplido las previsiones del gigante norteamericano de la aeronáutica.

La importancia del proyecto estriba en la necesidad que tiene Estados Unidos por tener una alternativa a Space X y a Rusia para llegar a ISS. «Para nosotros, tener este segundo sistema de transporte es enormemente importante», ha destacado la NASA.

El problema surgió en el 2011 con el fin del programa de los transbordadores espaciales. Moscú, a precio de oro en dólares y todavía más en prestigio, pasó a ser el medio de transporte utilizado hasta que Obama decidió poner fin a la situación. En el 2014, la agencia espacial estadounidense adjudicó contratos de 4.200 millones de dólares a Boeing por seis vuelos y de 2.600 millones a Space X por nueve. La diferencia se explica porque esta última emplea sus propios cohetes reutilizables, lo que abarata sus costes.

La empresa de Musk cumplió su misión en noviembre del 2020 con la «Dragon Crew Resilience», que llevó a la ISS a cuatro astronautas. Desde entonces lo ha repetido en más de una decena de ocasiones.

El camino de su rival ha sido mucho más tortuoso, con continuos retrasos y unos 5.000 millones de dólares gastados por el camino —los aportados por la Agencia Espacial Estadounidense y el sobrecoste, por la propia Boeing—. La primera fecha anunciada fue en el 2015. Tampoco cumplió con las siguientes en el 2016, 2017 y 2018.

En el 2019 despegó por fin un vuelo tripulado. Sin embargo, no logró acoplarse a la Estación Espacial por un problema de sincronización de los relojes que hizo que los cohetes casi se quedaran sin combustible.

A la segunda, ya en el 2022, fue la vencida y la Starliner estuvo unida a la ISS durante cuatro días.

Diez días en la Estación Espacial

El siguiente paso, transportar a astronautas, se agendó para el año pasado, se retrasó a abril de este año y ha vuelto a cancelarse esta noche cuando una válvula ha frustrado el despegue.

Los anteriores contratiempos habían estado relacionados con el sistema de paracaídas —la unión de estos con la nave no era lo suficientemente resistente— y con las cintas utilizadas en algunas partes para unir cables, que resultaron ser altamente inflamables.

La CST-100 Starliner —su nombre completo— tiene capacidad para para transportar a siete astronautas a la órbita baja terrestre, está formado por una cápsula para la tripulación —esta parte es reutilizable— y un módulo de servicio. La Starliner es compatible con varios cohetes de lanzamiento, incluidos el Atlas V que la impulsará e incluso los «Falcon 9» de Space X.

Los astronautas Barry «Butch» Wilmore y Suni Williams que deberían haber despegado hacia la ISS.
Los astronautas Barry «Butch» Wilmore y Suni Williams que deberían haber despegado hacia la ISS. Cristobal Herrera-Ulashkevich | EFE

La misión de esta pasada noche debía partir desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral en Florida con los astronautas Barry «Butch» Wilmore y Suni Williams a bordo, que permanecerían diez días en la ISS.

Boeing también fabrica el gigantesco cohete «SLS», el que impulsa el plan «Artemisa» para el regreso del ser humano a la Luna. Su desarrollo sufrió un retraso de cinco años y costó miles de millones más de los previstos inicialmente.

Pese a todo, ninguno de estos problemas ha sido tan grave como el de los aviones 737 MAX, que han llegado a perder partes del fuselaje en pleno vuelo. En lo que va de año, la compañía ha perdido un 30 % de su valor en bolsa y su presidente y consejero delegado ha presentado su dimisión.